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Antonio Manuel Infantes

Antonio Manuel Infantes

Antonio M InfanteAunque por tiempos de vivencia en la lejanía de Bollullos no debería pertenecer a esta sección, he querido darle una aparición en ella por su interés histórico y cultural, cualidades que dicen bien y mucho de un pueblo como este. Hago su presentación realizando un resumen de un reportaje sobre él en un periódico de la provincia.

Es difícil hallar un escritor novel que en su ópera prima muestre la ambición que atesora a la hora de crear una obra tan compleja y rica como “El Trono de Dios”, género similar al de Dan Brown o Julia Navarro, de ágil narrativa, profundo y una propuesta donde los enigmas y secretos de la religión se enriquecen con nuevos ingredientes, como el contexto geopolítico, que brinda una visión más global, real y rica.

El trono de dios

La génesis del libro comienza cuando un Papa agoniza entre los muros vaticanos y en la tesitura de la elección de un nuevo Sumo Pontífice aparece un “extraño grabado en un trozo de tela que ligará el destino de la Orden de los Caballeros de Colón al cambio del cetro del poder de la Iglesia católica. Se inicia así un trepidante viaje a través del misticismo de las ancestrales sociedades secretas surgidas tras las violentas discrepancias del monje humanista Barlaam di Seminara durante el Concilio de Constantinopla en el año 1.341”.

Infantes es técnico en Administración y Finanzas, aunque desde joven su verdadera pasión fue la literatura y la historia, rama en la que posee estudios universitarios.

Ha colaborado y actuado en producciones de Canal Sur TV y otras entidades del sector privado y formativo en Sevilla. Asimismo es autor de varios relatos cortos, del guión de un cortometraje, así como de un poemario que permanece inédito.

Escribe también con el seudónimo de Russell Swayzak.

Pregunta.- ¿ Su seudónimo tiene alguna relación con la película “Backdraft” de Ron Howard ?

Respuesta.-  Realmente, no. De hecho, estoy seguro de no haber visionado nunca ese film. Mi pseudónimo literario es un guiño al apodo que mis antiguos compañeros de facultad me dedicaron (Ruso), con el que siempre, desde entonces, firmé poemas, reflexiones y colaboraciones en artículos de ámbito social y cultural. El apellido Swayzak no va más allá de la búsqueda anglófila que acompaña al nombre anterior de Russell. En este caso lo elegí por lo poco común que es y porque me gustó lo raro que sonaba al pronunciarlo.

P.- Cuando termina un libro, ¿ qué ha ganado su interior ?

R.- Honestamente, una pequeña liberación. Al escritor le gusta tanto leer como escribir. Como lector gano más tiempo para la lectura (aunque en el proceso de escritura siga retroalimentándome y documentándome con otras lecturas y otros escritores que de algún modo me sirven de modelos literarios) a pesar de que siempre hay que volver al borrador, releer y corregir varias veces, pero de alguna forma se pasa página y después de un descanso de algunas semanas, centrarse en esa otra historia que ya anida en la imaginación y de la que ya has ido acumulando notas para fijar el esqueleto y la trama de la misma. Tengo una libreta donde hay ideas para unas ocho o nueve nuevas novelas. También me sirve para ser objetivo y crítico con el borrador que tengo que corregir olvidando que es un manuscrito mío.
Mi interior pide algo nuevo. Concluir una novela es un proceso de un mínimo de un año. Se agradece poder empezar algo nuevo. Incluso, en mi caso, cambiar el género y escribir algo totalmente distinto.

P.- Pregunta contraria, ¿ qué pierde, si ocurre, al concluir una obra ?

R.- Realmente no es una pérdida, pero sí que he de reconocer el simbolismo de desprenderme de algo que, en primera instancia, aloje en mi imaginación como una historia de las que como lector me hubiera gustado leer. No sé si es el mejor ejemplo, pero al publicar es como si entregara al bebé que hasta ese momento gestaba en mi interior. Hasta ese momento, la historia era solo mía, para mí. A partir de entonces, la entregas al público. Incidiendo en el ejemplo expuesto, te expones a que opinen sobre si tu hijo es bien parecido o no, si son bonitos sus ojos, etc…, pero sería injusto que los demás no pudieran contemplar el fruto de tus entrañas. En este caso, que nadie pudiera valorar y leer lo que ha salido de uno mismo y el trabajo desarrollado durante un año.

P.- Deja Bollullos para ir a Zalamea por amor, paz, serenidad, etc., ¿ qué grado de adaptación encuentra en la sierra onubense ?

R.-Por adaptabilidad en mi relación de pareja. Mi compañera ejerce su labor profesional en Zalamea la Real desde hace algunos años y siempre que es posible intentamos buscar la forma de pasar tiempo juntos en sus días laborales. Ella también es de Bollullos por lo que compaginamos las estancias entre su ubicación profesional y nuestro pueblo. Zalamea de alguna forma representa una vía de escape que me sirve para estar un poco aislado y centrarme más en mi faceta literaria, ya que conozco y me relaciono con un grupo extremadamente reducido de personas, aunque paulatinamente me voy integrando algo más. La Cuenca Minera es un lugar totalmente distinto a la zona del Condado – Campiña. Es un entorno más tranquilo, todo va a otro ritmo. El Condado y en especial Bollullos es hoy día más cosmopolita, a la par de que la vida en su devenir cotidiano es, por decirlo de alguna forma, más acelerada. Pero cuando estás fuera de casa cuentas los días que faltan para estar de vuelta con los tuyos, con la familia y los amigos, y retomar el pulso vital de tus raíces. De cualquier forma, son lugares próximos en la distancia.

P.- ¿ Es la novela de ficción una posibilidad del uso de la costumbre de la mentira o de la falsedad ?

R.- Depende del uso que el autor le dé. La ficción como tal no es más que una licencia narrativa, una herramienta que permite al autor novelar o contar una historia que de forma verídica no podría contar. Si la base histórica sobre la que se sustenta le da solidez a lo que se pretende contar,  puede servir como una forma ilustrativa de aprender lo que de otra forma quizás no llegaríamos a conocer por falta de interés. Una narrativa entretenida puede conseguir eso. Por otro lado, la historia puede ser interpretada según cada cuál en base a las creencias que tiene o los preceptos que le sirven como pilares en la vida. La novela de ficción bien documentada puede ser útil para que cada lector pueda extraer su propia conclusión o dirimir las hipótesis que los libros, de historia o de pura narrativa, puedan plantearle. Es una forma, por ejemplo, de plantearse una ucronía, como podría ser escribir una novela de ficción que ilustrase un escenario en el que los nazis hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial. Sería interesante.

P.- ¿ Cómo encuentra, en su caso particular, la facultad de acceso a una nueva idea literaria, a su temática y a sus actores ?

R.- Siempre imaginando e idealizando las historias que, como lector, me gustaría leer. Duermo desde siempre con papel y bolígrafo al lado del cabecero de la cama y, a veces, desvelado durante la noche, enciendo la luz para anotar lo que se me viene a la cabeza. Además, como cualquier otro escritor, suelo leer de forma compulsiva, y suelo acelerar el proceso de explosión de ideas con las lecturas de otros autores. Como cualquier otro escritor en el llamado “proceso de bloqueo”, dejo aparcada la escritura y leo libros y visiono películas hasta que vuelvo a encontrar la frescura de lo que pretendía narrar. Es más difícil moldear a los personajes de una novela que la trama de la misma  en sí  misma. Puedes tener clara la historia que quieres contar pero, en el proceso, un personaje se puede volver más denso, más oscuro, o derivar de la idea primigenia que tenías para  él. Por eso es mejor que los personajes enriquezcan la historia que a la inversa, al menos en mi caso. Libros y películas son grandes herramientas y recursos para el narrador. 

P.- Sinceramente, y para terminar, ¿ ha tenido Ud. el valor de leer el Ulises de Joyce ? 

R.- En honor a la verdad, no. Es un libro que no poseo, de momento, porque al igual que con otros muchos, tengo la idea de hacerme con él para incluirlo en algún momento en mis estanterías. Es una obra magna de la literatura, pero de James Joyce solo tengo “Dublineses”. Como amante de Irlanda, su cultura y la historia ancestral que encierra la fusión de catolicismo y paganismo (que he utilizado como elemento integrador en la trama de mi primera novela “El trono de Dios”), la lectura del “Ulises” debe ser obligatoria. Nadie como Joyce ha sabido contar y tomar el pulso a la sociedad irlandesa, conjugando la complejidad de tantos personajes y la realidad de su rico y difícil crisol cultural. “Dublineses” es un claro ejemplo.

Gracias por la entrevista. Me han parecido muy interesantes las preguntas, Manuel. Espero defender con orgullo la asociación de mi faceta literaria a mi raigambre con Bollullos, mi pueblo. Un afectuoso saludo a todos mis paisanos.

 

 

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