Historia del Vino

LA HISTORIA DEL VINO, VINCULADA AL CONDADO DE HUELVA

Manuel infantesD. Manuel Infante Escudero. Presidente D. O. Condado de Huelva. Esta ponencia que a continuación se muestra, ha sido escrita y enviada por D. Manuel Infante, para su publicación en esta web de Turismo y Actualidad. Gracias a esta historia conocemos los orígenes de la vid vinculada al Condado de Huelva, un recorrido desde nuestros antepasados hasta el día de hoy, un trabajo que  D. Manuel realiza con todo el cariño que nuestros vinos hoy en día se merece, gracias a él podemos disfrutar desde hoy con esta ponencia. 

LA CULTURA DE LA VID.

Pintura mural egipcia del siglo XV ac, tumba de Nakht, Tebas.

Por la afinidad existente entre la vid y el hombre, ningún cultivo ha sellado con tan acusada personalidad a las tierras que le fueron propias, a los hombres y mujeres que a ella se entregaron, como el cultivo de la vid.

La vid portadora de uvas, vitis vinífera, tiene un origen local impreciso, se atribuye al Cáucaso Meridional, entre Turquía, Armenia e Irán. En cualquier caso está científicamente demostrada la presencia de plantas cercanas al género botánico VITIS, como antepasadas de las actuales viníferas, en el occidente europeo durante el periodo micénico en la Era Terciaria, bajo la forma praevinífera; de ella, en el transcurso de los siglos, han ido evolucionando las distintas variedades afincadas en las diferentes zonas vitícolas. La historia de la viña se encuentra así, desde la más remota antigüedad, ligada a la de la mitología oriental.

El dato más vetusto de que disponemos para pensar en el cultivo de la vid, en nuestra provincia, se remonta (ver Vides Pth) hacia los finales del tercer milenio en Mazagón, concretamente en “la laguna de Las Madres”. Ello según los estudios realizados por expertos paleobotánicos, sobre la base de la gran concentración de polen detectada. Es a partir de estos estudios y dado el desacuerdo existente entre los investigadores sobre la introducción de la vitis vinífera en nuestra provincia, cuando deberíamos plantearnos el origen de nuestra viticultura, enlazando con la presencia fenicia donde poseemos una mayor información.

Hacia el S. VIII a.C. el cultivo de la vid era conocido en la Península Ibérica, introducido por los mercaderes de Tiro como regalo a sus amigos de Tartessos. Existen vestigios que lo demuestran, como las ánforas y jarras utilizadas para el transporte, o las acuñaciones de monedas de la época romanorepublicana, de la Bética romana, con representaciones de Sarmientos con sus pámpanos y racimos de uvas, siendo las más antiguas de 120-90 a.C., todo ello no debe extrañarnos, dada la alta consideración que gozaba el cultivo de la vid desde los puntos de vista agrario-social.

 

Si efectuamos un ligero estudio de los tratados de agricultura que los romanos nos han legado, como es la obra de Lucio Junio Moderato Columela, mediados del S. I a.C., su tratado de agricultura “De los trabajos del campo”, libros I al XII, seguido del tratado “De los árboles”, nos daremos cuenta de la importancia que se le da en la época romana al cultivo de la vid.

Sirva como muestra los capítulos dedicados a la tierra de viñas;

Columela las divide en cretosi, rabulosi y palustres. Un estudio con detenimiento de su obra nos permite pensar que, a juzgar por las características que atribuye a estas tierras, se trata de los tres tipos que hoy conocemos como albarizas, arenas y barros respectivamente; lo que indica, igualmente, la pervivencia de determinados tipos de tierra desde la época hasta nuestros días para el cultivo de la vid.

CAMPOS DE CULTIVO PARA EL VINO MÁS VIEJO DE OCCIDENTE.

A través de excavaciones arqueológicas que se han realizando en la ciudad de Huelva, es posible que se pueda demostrar la existencia de la producción de vino más antigua de la Península Ibérica.

La noticia no es haber localizado estructuras monumentales tales como fortalezas, palacios o templos, sino unos restos muy modestos que, sin embargo, tienen tremendas implicaciones a la hora de explicar las conductas sociales, políticas y económicas de las gentes que habitaron la ciudad de Huelva hace más o menos tres mil años, y sus relaciones con el mundo mediterráneo. En lo que hasta ahora había sido parte del ruedo de la ciudad, dedicado a la explotación agrícola tradicional, nuevos hallazgos arqueológicos muestran que entonces también esas tierras tenían un uso similar. Junto a restos de cabañas, silos y tumbas prehistóricos, se están investigando otras huellas que conforman alineaciones rojizas que tapizan las suaves colinas, cortándose entre ellas, superponiéndose o adosándose.

Tan sólo son los restos de antiguas zanjas excavadas en el subsuelo, que unas veces alcanzan centenas de metros sin interrupción, otras su trazado es discontinuo y, a veces, se trata únicamente de la alineación de pequeños rectángulos dispuestos con un ritmo homogéneo. La comparación con las diferentes formas de cultivo de la vid que se conocen en la zona, aunque estemos a la espera de los correspondientes análisis físicos y químicos especializados, permiten concluir que ese era el tipo de explotación, a escala casi industrial, realizado en esos campos protohistóricos entre los siglos X al V antes de Cristo.

… ¿Podemos asegurar entonces, si hablamos de“viticultura 

protohistórica, según tesina de Dª. Alejandra Echeverría, Licenciada en Historia, estamos ante la evidencia, en este lugar, de las primeras prácticas viticultoras del Occidente europeo, en la misma fecha que las descubiertas en Grecia?…, personalmente, después de escuchar a la citada investigadora, estimo que sí. Se trata de un gran hallazgo científico que demuestra la existencia en Huelva del sistema agrícola más antiguo de la Europa Occidental, en el I milenio a.d.C.

Ya que comentó detenidamente cómo se realizaron estos cultivos a través de plantaciones de viñas homogéneas, siendo uno de los atributos compartidos el de disponerse formando alineaciones longitudinales (liños) a base de zanjas o de fosas distribuidas en paralelo y con rangos de separación estandarizados. Este yacimiento, ha permitido documentar, por primera vez, cómo eran las técnicas de la viticultura protohistórica, dejando, además, en Huelva la evidencia de existencia de una gran extensión de campos de viñedos.

Por ello, desde ahora, cuando llenemos un vaso con vino para celebrar un acuerdo importante, cerrar un negocio o, simplemente, beber con moderación en una reunión de amigos, no estaremos siguiendo una moda adquirida en el seno de la sociedad globalizada en el que inscribe la del siglo XXI, sino que, por contra, repetimos una ceremonia social que ya estaba presente en este entorno de la Ría de Huelva hace tres mil años, el gesto habitual de unas gentes que si bien en el siglo VI antes de Cristo su poder adquisitivo les permitió importar elegantes copas de los mejores talleres cerámicos de la Grecia arcaica, unos siglos antes, en otras copas locales no menos elegantes, bebieron el rojo vino producido a partir de la vid cultivada aquí, en sus propios campos, como están mostrando estas huellas milagrosamente conservadas en las colinas del entorno de la actual ciudad de Huelva.

Acerquémonos en el tiempo a los inicios de la actual riqueza vitícola de nuestra provincia, que se remonta a los comedios del S. XIV. Por aquél entonces se produjo en toda Andalucía una general inquietud repobladora, sobre todo después de la batalla del Salado. Uno de los principales repobladores, en sus dominios, fue el maestre de la Orden de Calatrava don Juan Núñez; que repobló lugares de su Orden en el Aljarafe Sevillano y fue el principal repoblador de viñas de Villalba del Alcor, en nuestra provincia, con carta y fuero de población otorgada en 1327.

En el S. XVIII encontramos, hasta la fecha, la clave para definir nuestro sector vitícola; para ello contamos con el Catastro de Ensenada, magna obra de mediados del siglo, que ha servido de base para numerosos estudios.

La tierra llana y la zona del Condado eran en este siglo comarcas de especial significación vitivinícola. De los datos del Catastro se desprende que los centros dedicados al cultivo de la vid se agrupaban en torno a dos ejes, uno occidental con base en Moguer formados por el propio y por los municipios de Palos, Beas y Lucena; y otro central cuya base sería Manzanilla y su radio de acción, los municipios de Chucena, Villalba, La Palma, Almonte, Bonares, Bollullos y Rociana. Además de los citados,

tenían pagos cultivados de viñedos Trigueros, I. Cristina, La Redondela, Cartaya, Sanlúcar de Guadiana, Gibraleón, Aracena, Los Marines y Arroyomolinos de León.

En la segunda mitad del S. XVIII, en 1752, el número de lagares, lagareta, vigas y otros medios de exprimir uvas era en el conjunto de la provincia de 639, destacando Moguer con 140 lagares.

El Catastro de Ensenada, 1751, nos señala entonces la existencia de 7.485 fanegas, es decir unas 3.200 ha. de vid, según valor aproximado de la fanega. Situando aproximadamente el 60% del viñedo y más del 50% de las prensas en Manzanilla, Moguer y los municipios de La Palma, Almonte, Bollullos y Rociana.

A partir de 1870, la superficie de viñedo tenderá a crecer en toda España iniciándose la edad de oro del viñedo y del vino, que durará hasta finales del S. XIX. Así, el viñedo en la provincia de Huelva con menos de 6.000 ha, en 1870, se sitúa en 6.221 ha, en 1887; 7.754 ha, en 1889 y 10.128 ha, en 1900. Triste fecha en que hizo su aparición la FILOXERA, provocada por el temible insecto phyloxera vastratis, que viene del griego phylón “hoja” y xeros “seca”.

LA FILOXERA comenzó la destrucción del viñedo español en 1875, fecha en la que se detectó el primer foco en la provincia de Málaga, en la viña “Lagar de la Indiana” propiedad de don Enrique Molina Y aunque ello no se reconoció oficialmente hasta 1888. La invasión prosiguió de forma concéntrica, iniciándose en el litoral y avanzando a las zonas del interior. En los inicios del siglo, 1900, se detecta el primer brote en nuestra provincia, concretamente en San Juan, Mayo 1900, transportada por barco desde la provincia de Cádiz, que tenía sus viñedos infectados desde 1895. En el verano de 1900 se extiende a Trigueros y Beas, en el otoño ataca a los de Bollullos, La Palma, Almonte y Rociana. Y en los albores de 1908, se detectan los ataques del temido insecto en Moguer y Palos, alcanzando a finales de octubre los municipios de Villalba y Bonares. Al año siguiente, 1909, se detecta en Lucena, Niebla, Manzanilla y Chucena. Una vez pasado el trance filoxérico dejó arrasadas, en nuestra provincia, entre el 50% y el 60% del viñedo, siendo afectadas todas las variedades. Resistiendo, no obstante las adversas circunstancias, la zalema, que sufrió unos daños estimados sólo en el 7% de su plantación y la listán de Huelva (hoy Listán del Condado), cuyos daños se estimaron entre el 15 y el 20%. Ello, se estima, fue la causa de que las posteriores plantaciones para cubrir marras se efectuasen con vides de la variedad zalema, de ahí su predominio actual. Así, en 1910, se plantaron sobre patrones americanos 4.400 ha, asentándose su núcleo mayoritario en La Palma, Bollullos del Condado, Almonte y Rociana. En 1922, en el Condado de Huelva, se contabilizaban alrededor de 14.000 ha.; en 1966, un total de 22.000 ha, superficie que permanece estable hasta 1972, cuando se comienza a percibir un ligero descenso que se ha incrementado hasta nuestros días con las 3.580 ha. Actuales, de las que 975 ha., corresponden a uvas

tintas.

Y antes de adentrarnos en el mundo del vino, llega la vendimia, puente que une los largos meses de inquietud del viticultor con la trémula ilusión del vinicultor. Instante solemne en que la uva, hija mimada del sol y la tierra, que tuvo a la lluvia por bautista y por padrino el trabajo de los jornaleros, entrega su virginal inocencia al lagarero para convertirse en vino. Nuestro insigne poeta moguereño Juan Ramón Jiménez, dijo de los vinos del Condado con esa delicadeza que le caracterizaba… “Es como si el sol se nos donara en líquida hermosura”.

LA CULTURA DEL VINO.

Decimos, dentro de la diversidad existente para descifrar símbolos y enigmas, que …”el vino representa la juventud y la vida eterna, así como la embriaguez de lo sagrado, cantado por los líricos griegos y persas”, lo que no cabe duda es de que se trata de una criatura adorada y adorable, desde los más remotos tiempos.

En la provincia de Huelva es difícil establecer una fecha a partir de la cual se inicia la elaboración del vino. Existen inicios culturales de la elaboración de vinos en el sur de Hispania, en la provincia Bética, con antelación a la presencia romana pero, no cabe duda, de que es a partir de la colonización fenicia, cuando se encuentran datos sobre la elaboración de vinos y su comercio. Es a finales del S.VIII a.C., con el hallazgo de los envases, ánforas, de distintos tipos y capacidades cuando se puede decir que, en toda la zona costera, existía una producción lo suficientemente catalogada que exigía su envasado en estos recipientes especialmente adecuado para su mercadeo.

El vino, en el periodo grecorromano, era considerado como uno de los principales índices de desarrollo cultural, así lo estableció Estrabón, autor griego de la época de Augusto, en su modelo de geografía que fijó una clase de relación de igualdad, entre “vino y civilización”.

En nuestra provincia, al igual que el resto de las comarcas vitivinícolas, existe unaCULTURA DEL VINO; pero no sólo por formar parte de la trilogía básica de los cultivos mediterráneos: vid, olivo y cereales; o signifique una de las bases de nuestra economía, sino por su papel social y por haberse constituido en torno al cultivo de la vid y de la elaboración del vino una cultura muy peculiar, derivada del trabajo, enseres y utensilios que se utilizaban en las faenas del campo y de la bodega.

El doctor don Antonio Jacobo del Barco y Gafca, en 1775, afirma que fueron los de Tiro quiénes dieron a conocer nuestros vinos, pues los Fenicios…”habían apreciado las excelentes cualidades de los vinos de Huelva”, exportándolos a los países mediterráneos, con los que mantenían excelentes relaciones comerciales.

Aún existen en nuestra provincia pequeñas bodegas familiares; algunas conservan lagares, a la antigua usanza, donde se realiza el ritual de rítmicos compases, ataviados de botas con tachuelas o de suela de goma dura, de la pisa o pisar de la uva. Hoy día, en el léxico de la geografía dialectal, en estas zonas, se usan los vocablos pisador y lagarero, para distinguir las dos formas tradicionales de extraer el zumo de uva o mosto.

Como se ha mencionado, en el apartado de la vid, los datos más remotos del Condado datan de los comedios del S. XIV. Tras la batalla del Salado, se produjo una incesante repoblación de viñas, siendo uno de los principales artífices don Juan Núñez, Maestre de la Orden de Calatrava.

Este siglo supuso para la comarca vinícola, un periodo de grandes cambios políticos, administrativos y sociales; los pueblos se reparten en diversos señoríos. Así Villalba pasó con La Palma y Palos a don Alvar Pérez de Guzmán, en 1379. Moguer, desde 1323, era de los Jofre Tenorio. Almonte, pasó a ser de los Medina Sidonia. Rociana, Bonares, Trigueros, Beas y Villarrasa entraron en el verdadero Condado de Niebla. Bollullos, que también pertenecía al Señorío de los Medina Sidonia, no entró en el Condado de Niebla, es cuando comenzó a llevar su apellido de “Par” que lo distingue del resto de poblaciones de la actual comarca. Conviene aclarar que el término “par”, es decir “junto a”, fue frecuentemente usado por nuestros clásicos. Chucena, era Señorío territorial de los Ribera, y Manzanilla e Hinojos, eran tierra de Sevilla.

A pesar de estos cambios, cada uno de los señores repoblaron y acrecentaron sus señoríos, lo que atrajo nuevos pobladores con franquicias y privilegios. De esta manera doña Elvira de Ayala, viuda de don Alvar Pérez de Guzmán e hija del canciller don Pedro López de Ayala, consiguió que Enrique III otorgase “Privilegio de Feria”, en el mes de septiembre, a su villa de La Palma del Condado.

Hecho el breve inciso, seguimos con los comedios del S.XIV. La  producción de vinos de la provincia de Huelva alcanza tal cantidad y calidad que invade, en proporciones desmesuradas, el comercio de Sevilla. hasta tal punto que la ciudad hizo nuevas ordenanzas del vino, con el fin de proteger a los de su tierra, sancionadas por Enrique II, en 1375. En las mismas se prohíbe la entrada en Sevilla de vinos de Almonte, La Palma, Villalba y Bollullos, así como de cualquier otro que no perteneciera a la

tierra de Sevilla. Era tal el prestigio que había ganado el vino de Manzanilla por su finura, elegancia y calidad que, por ser además de tierra de Sevilla, se le intenta proteger con exenciones y ordenanzas fiscales, librándoles de pagar alcabala por introducir sus vinos en la ciudad. Ello no impidió que, en menor cantidad, siguiesen entrando en Sevilla los vinos de Villalba, La Palma, Almonte y Bollullos, entre otros.

Un hecho destacable de la época fue la floración de señoríos, por doquier, que se reparten la tierra, entre la cabeza del reino, Sevilla, y las casas nobles. De acuerdo con un censo del S. XVIII, en 1780, de los setenta y dos núcleos de Huelva, el mayor número pertenecen al Rey; 21 al Ducado de Medina Sidonia; 11 al Conde de Altamira; 6 al Duque de Béjar; 3 al Marqués de Astorga; 3 a Gregorio del Valle y un municipio se reparten entre el Conde de Cantillana, Duque de Medinasidonia, Conde de Montijo,

Miranda, Marqués de Premio Real y don Bernardino Jurado. Retornamos, de nuevo, a los inicios del Condado de Niebla que se crea en 1369 por don Juan Alonso de Guzmán, en él entraron los términos municipales de Trigueros, Beas, Rociana, Villarrasa, Bonares, Calañas, Alájar con el campo del Andévalo, la Alcaría de Juan Pérez, Facanías (Valverde), El Portichuelo y Paymogo. Según Amador de los Rios, en su obra “España sus monumentos y artes. Su naturaleza e historia”. Pero no entraron inicialmente, Bollullos, La Palma, Villalba, Manzanilla, Chucena, Almonte,

Hinojos, Lucena, San Juan, Moguer, Palos y Gibraleón; que con los anteriores citados de Trigueros, Beas, Rociana, Villarrasa, Bonares y la propia Niebla, forman los dieciocho términos de la zona amparada por la DD. OO. “Condado de Huelva” y ”Vinagres Condado de Huelva”.

De ahí la disputa entre Juan Infante-Galán Zambrano y otros autores del Condado que consideraron a Niebla, en su día, Capital de la Comarca vitivinícola, y en realidad nunca lo fue, aunque con el transcurso del tiempo haya cedido su apellido “Condal”. El mismo Juan Infante-Galán comenta en sus escritos inéditos…

“Esta comarca vinícola, que ahora con evidente inexactitud, llaman el Condado”.

En los pueblos del arco costero que va de Sagres a Palos de la Fra., se crea un ambiente propicio a los grandes descubrimientos geográficos del S.XV, debido, entre otros factores, al creciente comercio de los vinos de la zona.

Los vinos en sus más diversos tipos, como el romanía, llegaban desde los puertos del Odiel y del Tinto, Palos y Moguer, a los puertos de gran parte del norte de Europa e Inglaterra. Así, vinos finos de Manzanilla se exportaron, en el S.XV, a los puertos ingleses y de los Países Bajos, a través del Puerto de Moguer. Con el descubrimiento de las Indias, floreció el comercio de vinos de nuestra zona, de tal manera que en un periodo inferior a diez años, se plantaron nuevos campos de vid, y  consecuentemente un auge de la industria y el comercio vinatero. Se  comenzaron a cuidar mejor los vinos, que hasta entonces se exportaban en rama; se investigan otros vinos más finos y elegantes, se mima la crianza, es el descubrimiento del manzanilla.

No cabe duda de que el vino que llevó la primera flotilla descubridora mandada por Colón era de Palos de la Fra. y parece ser que “los Niños” llevaron, también, vino de su Moguer, el viejo ALOQUE o ALOJA, según autor. Ello no debe extrañar dada la tradición vitivinícola y marinera de la zona que comentamos.

Juan Infante-Galán, excelente historiador de los vinos del Condado, afirmaba que en 1504 Américo Vespuccio, acompañado de Vicente Yáñez Pinzón, estuvieron en Villalba del Alcor para proveer de vinos sus naves. No olvidemos que “la primera partida documentada de vino que hizo la carrera de Indias fue de veintiséis arrobas, comprada a razón de treinta y cuatro maravedís la arroba, en Villalba del Alcor, por el mes de enero de 1502”. Partió de Sevilla el trece de febrero de dicho año en la flota que

llevó a frey Nicolás de Ovando a la isla de Haití, rebautizada La Española. Infante-Galán tenía registradas más de quince mil partidas de vinos con destino a América‚ desde el primer viaje de Colón hasta el siglo XVII. Una de ellas corresponde al vino que embarcó Magallanes para su histórico viaje y que fue adquirido en la localidad onubense de Manzanilla. Como en las provincias limítrofes, la verde mancha de la viña se fue haciendo cada vez más extensa.

El comercio con las Indias llega a su máximo esplendor en el S. XVI. Sería interesante, aunque no hemos podido recopilar aún la documentación, referir, los datos concretos de la visita de don Miguel de Cervantes a Manzanilla en las vendimias de 1591 a 1593.

Cervantes, fue recaudador en el Condado. En su primera visita a Manzanilla, finales de 1591. La ciudad del vino quedó inmortalizada, por el buen conocimiento que, por lo expuesto, debería tener Don Miguel de los caldos condales. ¿Escribiría el elogio a Góngora ante un vaso de filosófico vino condal?, me pregunto…

“Aquel que tiene de escribir la llave,

con gracia y agudeza en tanto estremo,

que su ygual en el orbe no se sabe

es Don Luis de Góngora, a quién temo

agraviar en mis cortas alabanzas,

aunque las suba al grado más supremo”.

Fino, sutil y culto bebedor, debió ser Don Luis:

” que yo mas quiero pasar

del golfo de mi lagar

la blanca o roja corriente,

y ríase la gente.”

Haciendo un paréntesis convendría recordar a Jorge De´Angeli, cuando nos dice “El vino es algo de lo que se habla, luego se le observa, se olfatea, se toma y se vuelve hablar del mismo”. El declive del puerto de Sevilla a finales del S. XVII y el traslado de la Casa de Contratación a Cádiz, en los inicios del S. XVIII, llevaría consigo una grave crisis en el comercio de los vinos de nuestra zona. Cádiz no ofrece las mismas ventajas fiscales y los costes del transporte aumentan, por lo que los comerciantes del Condado deciden reunirse en un nuevo puerto de partida, el puerto de Moguer se convierte a partir del S. XVIII en la salida principal de los vinos de la zona. El Catastro del Marqués de Ensenada censa, por aquel entonces, cincuenta y nueve comerciantes de vinos.

En los archivos municipales e Villalba del Alcor y Manzanilla consta que el vino de la comarca era transportado en botas, sobre carros, en el río Tinto, y allí pasaban a bordo de grandes barcazas que lo llevaban al puerto de Moguer. Allí, sobre goletas y fragatas, partían con destino a regiones del norte de España e Inglaterra y a la vez se iba acrecentando el destino hacia municipios de la provincia hermana de Cádiz. Sin embargo los vinos de Manzanilla buscaron otra vía hacia Cádiz, las botas se transportaban en carretas hasta el embarcadero del caño de siete suertes, en el término de Aznalcázar, desde donde partían a Sanlúcar de  arrameda. A finales del S. XVIII llegan a nuestra comarca comerciantes de otras zonas que perduraron hasta mediados del S.XIX, la mayoría de ellos riojanos. En este periodo es cuando llegan a San Juan los Santa María, a Villalba los Blascos, a Bollullos los Penillos, los Ariza y, rocedentes de Sevilla, los Nebles, a Moguer los Jiménez, de quienes nacería nuestro universal poeta moguereño, Juan Ramón.

Con ellos comienza un periodo de auge de las destilerías artesanales; así, en 1845, Bollullos tenía 12 alambiques y Moguer poseía cuatro máquinas para fabricación de aguardientes de vino.

A comienzos del S. XIX, Sanlúcar de Barrameda fue además la capital de una provincia creada por Godoy, que comprendía, entre otros, al municipio de Manzanilla, hoy perteneciente a la provincia de Huelva, que le vendía toda su producción. Este dato, que puede pasar desapercibido, junto con lo comentado anteriormente, para nosotros es bastante interesante pues explicaría de alguna manera que “el fino de los finos” – la manzanilla – haya llevado su nombre desde su pueblo de origen, Manzanilla, hasta Sanlúcar de Barrameda. Entiendo que esto levante polémicas, pero es la historia y que cada cual la interprete, aunque poseo documentación que lo demuestra, entiendo no es el lugar.

La producción de la provincia de Huelva, cifrada en un total de 30.000 botas, se repartían a finales del S.XIX, en 1882, en: 8.000 botas para consumo local, 11.000 botas para el comercio exterior, 7.000 botas para exportar a las colonias de América, y 4.000 botas de vinos con destino a destilación o vinagrería.

Entre 1880 y 1900, por el puerto de Huelva salen anualmente unos quince millones de litros de la zona del Condado, con destino principal a Francia. Alcanzándose la principal cifra en 1890 de treinta y ocho millones de litros, cargados por ferrocarril en La Palma, que recogía junto a su producción, la de Bollullos,Almonte y Rociana.

Finalizada la 1ª guerra mundial, Francia abre de nuevo sus mercados y el ferrocarril se convierte en el principal eje de comunicaciones. Es entonces cuando La Palma conocerá su máximo esplendor, comienzan los contactos comerciales con las Firmas francesas y la compra, por parte de los franceses, de grandes partidas de vino. Sin embargo Manzanilla y en parte Villalba, Chucena e Hinojos, no ceden a la presión de los precios franceses, y envían sus vinos, a mejor precio, a la zona hermana de la provincia de Cádiz que son más exigentes, que los franceses, en la búsqueda de calidad. Y así, desde un punto de vista antropológico, hemos realizado un ligero recorrido histórico del desarrollo del sector vitivinícola en nuestra provincia, más centrado en los términos de nuestras Denominaciones de Origen.

Y, al igual que el sol candente de septiembre, endulza con su luz los racimos que van gestando esa líquida hermosura que nacerá en vendimia. En nosotros – del botón al pámpano, a la vid en ciernes, al dorado racimo – se ha ido formando ese hijo de la tierra, sangre vertida, gozada y sufrida y, al fin, olvidada como la vida misma que es el  VINO DEL CONDADO DE

HUELVA.

Antecedentes: Estación Enológica.

Estacion enologica de MoguerFotografía de la inauguración de la Estación Enológica de Moguer.

En la sesión plenaria del Ayuntamiento de Moguer, celebrada el 8 de abril de 1914, se trata –entre otros puntos- de iniciar los trámites y solicitar la instalación de una Estación Enológica en Moguer, con la posibilidad de cesión por parte del citado municipio del Vivero Municipal y un local adecuado dentro de la población.

Por acuerdo plenario del Ayuntamiento de Moguer, sesión celebrada el 24 de diciembre de 1915 (el año coincide con el que aparece en uno de los azulejos de la fachada), se concedió para la construcción de dicho edificio, Estación Enológica, la cantidad de 2.250 pesetas, toda vez la falta de fondos existentes para proseguir con las obras, a pesar de las contribuciones realizadas por los pueblos del partido judicial de Moguer. Dicho edificio se construyó en el solar del antiguo hospital del Corpus Christi, no afectando a su capilla gótico-mudéjar. Posteriormente, en sesión

plenaria celebrada el 9 de septiembre de 1917, se cede oficialmente al Estado el edificio propiedad municipal, situado en la calle Sagasta nº 17 (actual calle Andalucía), en el solar que ocupa hoy el teatro Felipe Godínez. De aquel edificio que fue Estación Enológica se conserva sólo la primitiva fachada de estilo historicista, fechada en 1915, que repetidamente ha sido atribuida a Aníbal González, y que actualmente se halla integrada en el mismo, dando acceso al citado teatro. Asimismo se cedieron al Estado los terrenos al sitio denominado los aguardientes, que sirvió como campo de experimentación y demostración, cumpliendo de este modo con lo acordado en la sesión plenaria anterior, autorizándose al Sr. Alcalde a realizar la cesión y entrega oficial del edificio y terreno citado.

Falta en esta relación el nombre completo del ingeniero director de la Estación, sólo he podido averiguar que se llamaba Eladio, y era funcionario adscrito al Ministerio de Agricultura. (Fueste: Archivo Histórico Municipal de Moguer A.H.M.Mo., Colección fotográfica.

Todo lo anterior se hizo con la intención de velar por la calidad de los vinos y ayudar a su promoción, siendo la Denominación de Origen reconocida en 1933, mediante Ley de 26 de mayo de 1933, decretada y sancionada por el Presidente de la II República Española (Gaceta de Madrid – Núm. 155, de 4 de junio de 1933), Niceto Alcalá-Zamora y Torres. La misma da fuerza de Ley, con las modificaciones que a continuación se expresan, a los Decretos de 8 de septiembre de 1932 (Gaceta de Madrid de 13 de septiembre de 1932)), relativo al Estatuto del Vino; de 4 de noviembre de 1932 (Gaceta de Madrid de 5 de noviembre de 1932) por el que se constituye el Instituto Nacional del Vino; de 28 de enero de 1933 (Gaceta de Madrid de del 31 de enero de 1933) y de 14 del mismo mes y año (Gaceta de Madrid de 17 enero de 1933), fijando las normas para el funcionamiento del citado Instituto y de la Organización Corporativa de los intereses vitivinícolas y alcoholeros. La citada Ley añade al párrafo primero del artículo 34 del Decreto de 8 de septiembre de 1932, entre otras Denominaciones de Origen, la deHUELVA.

Posteriormente, mediante Orden del Ministerio de Agricultura de 4 de diciembre de 1933 (Gaceta de Madrid – Núm. 340, de 6 de diciembre de 1933), se dispone la constitución del Consejo Regulador de la Denominación de Origen “HUELVA”, presidido por el Ingeniero Director de la Estación de Viticultura y Enología de Moguer, con el encargo –entre otros- de elaborar el Rgto, para el funcionamiento del citado Consejo Regulador. Toda nuestra historia ha hecho que al actual Consejo Regulador, Resolución de 18 de octubre de 2007, se le otorgase la Placa al Mérito Agrario, Pesquero y Alimentario, en su categoría de PLATA, dado en Madrid con las firmas de S.M. el Rey Juan Carlos I, la Mª.de Agricultura, Pesca y Alimentación, como Gran Canciller de la Orden, refrendado por el Secretario, tomando razón el Contador de la misma.

Consejo Regulador 1962Autorización plantación de viñedo, firmada por Don Salvador Trevijano.

Pero no fue hasta 1962 cuando se puso en marcha, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen “Huelva”, por Orden Ministerial de 10 de mayo de 1962 (B.O. del E. de 02.06.62), derogando la Orden ministerial de 4 de diciembre de 1933, con la tarea fundamental, aparte de conseguir la integración de todos los sectores implicados, empeño nada fácil, del estudio y elaboración, de acuerdo con las normas legales de entonces, de elaborar el Reglamento por el que se regiría la Denominación de Origen. Así se llega a la aprobación del primer Reglamento de la Denominación de Origen “HUELVA”, por Orden del Ministerio de Agricultura de 27 de diciembre de 1963 (Sección Vino, Boletín Gaceta de 16.01.63, Nº 14), marcándose desde el inicio dos metas fundamentales: controlar, al máximo posible, toda la cadena productiva desde el inicio hasta la comercialización, y velar por el prestigio y calidad de los vinos amparados por la Denominación de Origen. Siendo su presidente el Ingeniero Jefe de la Jefatura Agronómica de Huelva del Ministerio de Agricultura Don Salvador Trevijano.

Posteriormente por Orden Ministerial de 18 de mayo de 1976, se producen las primeras modificaciones al Reglamento de 1963, entre las que destacaría el nombre de la propia Denominación de Origen, pasando a denominarse definitivamente “Condado de Huelva”. Así llegamos a la Orden Ministerial de 1 de agosto de 1979. (B.O.E. de 11.09.79, Nº 218), que deroga las dos anteriores y, a su vez, aprueba la nueva Reglamentación de la Denominación de Origen “Condado de Huelva” y de su Consejo Regulador. Una vez transferidas las competencias en materia de Denominaciones de Origen a la Junta de Andalucía, en 1999, se modifica nuevamente nuestro Reglamento por Orden de la Consejería de

Agricultura y Pesca de 16 de febrero de 1999. Finalmente por Orden de la Consejería de Agricultura y Pesca de 31 de julio de 2002. (BOJA de 24 de agosto de 2002. Nº 99), se aprueba el vigente Reglamento de las Denominaciones de Origen “CONDADO DE HUELVA” y “VINAGRE DEL CONDADO DE HUELVA” y de su Consejo Regulador.

Y por Orden de 19 de marzo de 2009, de la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía, Boja nº 16, se publica el vigente Reglamento de las Denominaciones de Origen “Condado de Huelva” y “Vinagre Condado de Huelva”. Entre las novedades que se incorporan destacar:

*Los vinos tintos (joven, vino de la cosecha del año, crianza,

reserva y gran reserva, dependiendo cada categoría del tiempo de crianza y método de envejecimiento). *Variedades de uva Blanca: Colombard, Sauvignon Blanc y Chardonnay.

*Variedades de uvas tintas: Syrah, Tempranillo, Merlot, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. Se introduce el término municipal de Gibraleón en la zona de crianza de las Denominaciones de Origen.

*Nuevos tipos de vinagres agridulces del Condado, se incorporan en su proceso de envejecimiento, con vinos generosos de licor, concretamente Pedro Ximénez y Moscatel.

De igual manera, el nuevo Reglamento de las DD OO, establece una separación definida de los Órganos de Gestión y de Control. En cumplimiento de la normativa comunitaria (R. CE nº 479/2008, de 29 de abril, OCM del mercado vitivinícola y demás disposiciones que la  desarrollan), estatal (Ley 24/2003, de 10 de julio, de la Viña y del Vino) y autonómica (Ley 10/2007, de 26 de noviembre, de Protección del Origen y la Calidad de los Vinos de Andalucía)

Ello viene a completar y diversificar la gama de productos ya amparados, a saber:

A) VINOS.

A.1.Blancos: Grado alcohólico natural mínimo de 10 % Vol.

1.1. Condado de Huelva Joven. Entre 10 % vol. y 12 % vol., y riguroso control de temperatura de fermentación.

1.2. Condado de Huelva. Entre 10 % vol. y 14,5 % vol., y fermentación tradicional.

1.3. Condado de Huelva Tradicional. Son los anteriores, sometidos a un proceso de envejecimiento tradicional mínimo de un año.

A.2. Blancos Generosos: Graduación alcohólica natural mínima de 10,5 % Vol. Sometidos a crianza mínima de tres años biológica o “en flor” en los Pálidos (Finos) y biológica y oxidativa en los Viejos (Olorosos).

2.1. Condado Pálido (fino). Grado alcohólico comprendido entre 15 % vol. y 17 % vol.

2.2. Condado Viejo (Oloroso). Grado alcohólico comprendido entre 15 % vol. y 22 % vol.

2.3. Generosos de licor. Graduación comprendida entre 15 % vol. y 22 % vol., siempre con un grado volumétrico total no inferior a 17,5 % vol. y sometidos a un proceso mínimo de envejecimiento de 24 meses. Tradicionalmente comercializados como: Pale Dry, Pale Cream, Médium y Cream.

2.4. Dulces naturales.

2.4.1. Pedro Ximenez. Grado alcohólico no inferior a 15 % vol., elaborado a partir de uvas P.X. expuestas al sol para su pasificación y con un contenido mínimo de azúcar residual de 150 gr/l.

2.4.2. Moscatel. Elaborados con uvas exclusivas de esta variedad, con grado alcohólico adquirido no inferior a 15 % vol., previamente expuestas al sol para su pasificación.

2.5. Vinos de licor.

2.5.1. Mistela. Obtenido de la mezcla de de mosto de uva parcialmente fermentado y vino, con una graduación alcohólica adquirida no inferior no inferior a 15 % vol. ni superior a 22 % vol.

A.3. Tintos: Con una graduación alcohólica mínima de 11,5 % vol. y los “reservas” y “gran reserva” de 12 % vol.

3.1. Cosecha y añada. Estas indicaciones se aplicarán a los vinos elaborados con uva recolectada en el año que se mencione y que no se haya mezclado con vinos de otras cosechas.

3.2. Crianza. Envejecimiento mínimo de 24 meses, contados a partir del 1 de noviembre del año de vendimia, de los que al menos 6 meses serán envejecidos en barricas de madera de roble.

3.3. Reserva. Envejecimiento mínimo de 36 meses, con un mínimo de 12 meses en barricas de roble y en botellas el resto de dicho periodo.

3.4. Gran Reserva. Envejecimiento mínimo de 24 meses en barricas de roble, seguido de un periodo mínimo de envejecimiento en botella de 36 meses.

B) VINAGRES de VINO.

B.1. Vinagre Condado de Huelva. Es un producto obtenido por acetificación de vino sano, genuino, con una óptima elaboración partiendo de vino amparado por la Denominación de Origen “Condado de Huelva”, este parámetro es lo que le confiere singularidad a nuestros vinagres, con una escrupulosa trazabilidad desde la vid a la botella.

B.2. Vinagre Viejo Condado de Huelva. Se obtiene partiendo del anterior y según crianza y envejecimiento obtenemos tres tipos:

B.2.1. Solera. Crianza y envejecimiento por el sistema de criadera y soleras durante un tiempo superior a 6 meses e inferior a 1 año.

B.2.2. Reserva. Igual, pero durante un tiempo superior a 1 año.

B.2.3. Añada. Igual, pero con una crianza superior a 3 años

Nuestras Variedades de Vid tradicionales cultivadas son: Zalema, Palomino Fino, Listán de Huelva ( hoy Listán del Condado), Garrido Fino, Pedro Ximénez y Moscatel.. A las que se añaden las nuevas variedades de uva Blancas y Tintas mencionadas con anterioridad.

Por último y lo más reciente es el reconocimiento de la nueva Denominación de Origen de “Vino Naranja del Condado de Huelva”, por el Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino, mediante Resolución de 25 de agosto de 2011, de la Dirección General de Industria y Mercados Alimentarios, por la que se publica la Orden de 6 de julio de 2011, de la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía, por la que se reconoce el nivel de protección de vino aromatizado con Denominación de Origen al «Vino Naranja del Condado de Huelva» y se publica su correspondiente, publicada en el BOE Núm. 219, del lunes 12 de septiembre de 2011.

Me vais a permitir que termine con AVICEA, médico iraní del siglo XI, en una de sus citas magistrales nos comenta: “El vino es amigo del sabio y enemigo del borracho. Es amargo y útil como el consejo del filósofo, está permitido a las gentes y prohibido a los imbéciles, empuja al estúpido hacia las tinieblas y guía al sabio hacia Dios”.

En realidad no hay nada más que darle de beber a un estúpido, para darse cuenta de cuánto lo es.

De esta manera, caminando por nuestros sentidos he intentado descubrirles que mi amor por nuestros vinos no puede desarrollarse en torno a otra idea que la amistad y su cultura. Sí, porque el vino es cultura o no será más que otra bebida alcohólica. Es por ello que los enemigos del vino son los que no lo conocen.

Manuel Infante Pte. del Consejo ReguladorManuel Infante Pte. del Consejo Regulador

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