La Penicilina

Orígenes Históricos

PenicilinaUno de los estudios pioneros de la penicilina en España que está documentado y cuyas referencias se exponen de manera inédita en este artículo, viene de la mano de Enrique Hinojosa Santana, Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla, Doctor en Epidemiología Tropical por la Universidad Complutense y, por entonces, médico titular en Bollullos par del Condado. La principal razón que le mueve a ello es la de la enfermedad que en aquellos momentos padecía su hijo Francisco de Asís.

Este niño de 11 años adolecía de una endocarditis a la que habían precedido durante los últimos meses fiebres irregulares. Su historia clínica comenzaba, ya de pequeño, con una tos ferina. Poco más tarde, a los cuatro años, padecería un brote de reumatismo poliarticular agudo, que se presentaría en dos ocasiones más durante los últimos años hasta que, en septiembre de 1944, se desencadenara la mencionada endocarditis. Ésta, que se sumaba a una antigua endocarditis reumática, fiebre, dos accidentes embólicos en las arterias de las extremidades inferiores, seguido en el de la izquierda por la formación de un aneurisma, aconsejaban probar fortuna con el esperanzador medicamento recién llegado desde Estados Unidos en ese mismo mes.

Huelva, por tanto, y más concretamente Bollullos del Condado, se convertiría en la cuna de la penicilina. Este acontecimiento, oculto en las estanterías de la historia onubense, salvó cientos de vidas en el territorio nacional, ya que fue el primer tratamiento conocido con base documental fehaciente. A raíz de esta historia, la comunidad científica nacional logró un análisis minucioso para averiguar el efecto de este nuevo medicamento sobre el cuerpo humano.

Biografía clínica. Sin embargo, para entender por qué la penicilina americana llegó a manos del médico de la localidad del Condado, hay que bucear en su biografía. La extensa formación académica, las relaciones con personajes ilustres de la época, su incursión en la medicina británica o sus contactos con las esferas militares favorecieron el desembarco del citado antiséptico.

Del matrimonio de Enrique Hinojosa Núñez y de Ana Santana Rodríguez nacieron nueve hijos. El protagonista de esta historia sería el tercero de ellos. Ya desde muy pequeño, a los 8 años, lo internaron en el Colegio de los P.P. de la Compañía de Jesús del Puerto de Santa María (Cádiz), donde cursa estudios de Bachillerato. En 1924 se licencia en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla, marchando a Madrid para prepararse las oposiciones a Médico de la Armada. Para ello ampliará estudios en las asignaturas de Historia de la Medicina, Análisis Químicos, Antropología y Parasitología y simultáneamente se doctora en Epidemiología Tropical. Tras superar las pruebas de acceso ha de desistir al comprobarse en el reconocimiento médico que padecía daltonismo.

Rio tinto y Bollullos. Con esta extraordinaria preparación es incorporado al equipo médico del Hospital de Rio tinto, lo que le pone en contacto con la medicina británica y le permite ampliar conocimientos de farmacología, cirugía y organización hospitalaria de primera línea. En 1926 es informado de una plaza vacante de médico que hay en Bollullos y, al interesarle, la ocupa, siendo titular de dicha plaza hasta su muerte.

Semblanza. Apuntados estos antecedentes, el bisturí de las letras disecciona la compleja personalidad de Enrique: amante de la ópera, la arqueología y lector empedernido del Quijote, amaba sobre todas las cosas su familia y su profesión. Era un hombre de quien se llegaba a decir que “lo mismo esquilaba una borrega que rajaba una barriga”.

Su formación médica le hizo valorar la dignidad humana por encima de cualquier cosa. Debido a las penalidades que se estaban pasando, muchas de las enfermedades estaban ocasionadas por la falta de alimento (en concreto, de grasas) por lo que, en muchos casos, la receta que expedía a sus pacientes venía a consistir en una nota que le pasaba a su esposa para que les atendiera proporcionándoles el aceite necesario. Nunca dejó de atender al enfermo y ello le supuso una continua espada de Damocles pues estuvo amenazado tanto por un bando como por otro.

Durante los años de 1955 y 1956 se produjo un brote muy virulento de gripe asiática que como médico tuvo que atender. Su exposición continua al virus le provocaría el contagio de la enfermedad. A pesar de que debía guardar cama y reposo, no quiso apartarse de sus enfermos, lo que le provocó una bronconeumonía que no pudo superar. Ese fue el fin de una historia vital que sale del moho del tiempo para erigirse en leyenda viva, en testimonio del presente que revela la importancia del Enrique Hinojosa Santana en el uso de la penicilina en Huelva. Gracias Doctor.

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